Así que, cuando nos enfrentamos a una de estas situaciones es
inevitable plantearnos cuál la imagen que estamos dando, cómo
podemos mejorarla, cómo nos puede influir, qué aspectos
debemos evitar y cuales tienen que estar presentes.
Este tipo de preguntas deberíamos hacérnoslas siempre, independientemente
de la situación o los objetivos en los que estemos, para conseguir
aprovechar más un recurso que puede ser muy valioso en nuestro
trabajo y que puede tener un potencial muy importante de cara al futuro.
De hecho, nuestra imagen laboral es un elemento que está siempre
presente, aunque nosotros no hagamos nada por gestionarlo, canalizarlo
o convertirlo en un recurso que nos beneficie.
Pero, ¿qué es la imagen laboral?
Pese a lo que pueda parecer y lo que la mayoría
de la gente cree, la imagen laboral no es la apariencia física y
visual que las personas tienen cuando están en su entorno de trabajo.
En realidad, el concepto de imagen laboral hace referencia a la percepción
que los demás tienen de nosotros en un contexto tan concreto y específico
como nuestro entorno laboral.
Esa percepción se origina a partir de lo que nosotros hacemos, cómo
lo ven e interpretan los demás y después suele resumirse en
una serie de ideas sencillas, concretas y muy claras que sirven de referencia
informativa, y que nos definen y diferencian de los demás.
Por lo tanto, en nuestra imagen laboral puede reflejarse:
- " Cómo nos ven nuestros compañeros (a nivel personal
y laboral)
- " Cómo nos ven nuestros jefes (a nivel personal y laboral)
- " Lo que piensan nuestros clientes de nosotros
- " Cómo realizamos nuestro trabajo y cómo lo perciben
los demás,
- " Cómo nos relacionamos con los demás,
- " Cómo y cuando varían las características de
esa relación,
- " Cómo funcionamos y reaccionamos ante determinadas situaciones
laborales, ya sean positivas o negativas, y
- " Cómo interpretan nuestra forma de trabajar, relacionarnos,
reaccionar, tomar decisiones, expresarnos, etc
En cierto modo, la imagen laboral es como un cóctel compuesto
por varios ingredientes que, una vez juntos, se entremezclan y dan lugar
a un resultado único e irrepetible. Ese resultado es la imagen
que cada uno de nosotros tiene como profesional. Pero, al igual que en
cualquier cóctel, en la imagen laboral hay que tener en cuenta
unos ingredientes y unas proporciones básicas que deben respetarse
para que la mezcla funcione.
Es indudable que nuestro aspecto tiene un valor clave que no puede ignorarse
ni desaprovecharse, sin embargo el concepto de Imagen Laboral es algo
mucho más complejo que abarca diferentes factores.
Cómo somos, cómo vamos vestidos y si nos arreglamos lo suficiente
o de la forma adecuada constituyen tan sólo una parte de toda la
información que podemos transmitir mediante nuestra imagen profesional.
Por ejemplo, nuestras capacidades organizativas, tener don de gentes,
saber escuchar, expresarse, reflexionar o tomar decisiones cuando es necesario,
pueden ser parte de la información que transmite nuestra imagen
y por lo tanto favorecer nuestras posibilidades laborales.
Marketing personal
Cuando de forma intencional procuramos que nuestra imagen y lo que los demás
perciben de nosotros, sea lo más favorable posible a nuestro perfil
profesional, estaremos generando nuestro propio marketing personal.
En cierto modo, la imagen laboral es como la fama que nos labramos en el
trabajo. Cuando cuidamos esa "fama" es fácil que nos potencie
profesionalmente al difundir nuestros aspectos más positivos como
trabajador.
Cuando ignoramos la importancia que nuestra imagen puede tener en el trabajo
es muy posible que nos encontremos con situaciones frustrantes y a veces
injustas. Un ejemplo habitual de este tipo de situaciones es cuando trabajamos
con una gran entrega y dedicación, pero a la hora de la verdad no
se tiene en cuenta por que no forma parte de nuestra imagen o por que en
esa imagen se han ido generando otros aspectos que no nos benefician o ensombrecen
esos logros.
¿HASTA QUÉ PUNTO LA INDUMENTARIA PUEDE SURTIR EFECTO EN
EL TRABAJO?
Clásico, informal, moderno, discreto, elegante, práctico,
cómodo, ... En realidad, podríamos decir que la tolerancia
en el vestir dentro del ámbito laboral es resultado de la conquista
que la mujer ha conseguido en su incorporación y reconocimiento en
el mundo empresarial y profesional.
Esa tolerancia, a su vez, ha ido favoreciendo cada vez con más fuerza
e ímpetu la variedad que hoy podemos encontrar. Y, con ella - la
tolerancia y la variedad, - se abre un importante abanico de posibilidades
dentro del cual cada profesional y cada trabajadora puede encontrar su propia
expresión.
La primera pregunta que se hace uno mirándose al espejo, cuando
piensa en su imagen laboral, es qué impresión causará
a los demás cuando le vean. Evidentemente la impresión visual
que podamos causar en un momento dado no es lo mismo que nuestra imagen
laboral. Sin embargo en ambos casos podemos realizar una planificación
y una elaboración estratégica para obtener unos determinados
resultados.
Nuestra imagen visual como estrategia
Mientras que la impresión se basa en la sorpresa y la intensidad
del impacto que generemos, la imagen se va forjando a lo largo de diferentes
momentos y situaciones. En consecuencia, la impresión que causemos
llamará mucho la atención pero será algo volátil.
Por el contrario, nuestra imagen puede que sea mucho menos llamativa, sin
embargo será algo mucho más sólido y duradero.
Cuando aplicamos estos dos conceptos a la vestimenta que utilizamos en nuestro
trabajo, tendremos que tener en cuenta que:
" La ropa que llevamos puesta, cómo se combina, las marcas o
los diseñadores que la avalan, los colores, los complementos y todos
los detalles, por pequeños que sean, nos pueden ayudar a transmitir
la información clave que nos interesa.
" Ahora bien, esa información puede convertirse en algo anecdótico
cuando simplemente es la impresión que hemos generado en un momento
concreto.
" O, por el contrario, esa información se convierte en una imagen,
cuando mantiene sus características a lo largo del tiempo y las diferentes
situaciones. Es decir, podemos conseguir que nuestra ropa, al mantener una
coherencia a lo largo del tiempo, nos sirva para transmitir una imagen de
estabilidad, seriedad y solidez.
Mediante esta transformación basada en la coherencia, la estabilidad
y la solidez podemos conseguir que la imagen visual que hemos creado con
nuestra vestimenta se convierta en una referencia fiable de nuestro estilo.
De hecho para que nuestra vestimenta se convierta en parte de nuestra imagen
laboral es importante que exista una continuidad y una coherencia en nuestra
forma de vestir.
El valor estratégico
Todos estos conceptos que hemos utilizado para seleccionar nuestra ropa
y generar un estilo, tienen un valor añadido ya que, por lo general,
suelen hacerse extensibles a nosotros mismos, impregnando la imagen que
como profesionales pueden tener de nosotros los demás.
Además, el hecho de hablar de estabilidad, solidez o coherencia no
está reñido con la posibilidad de utilizar la ropa que nos
gusta. El mundo de la moda, hoy en día, aporta una variedad increíble
que no excluye las exigencias que suelen plantearse en el ámbito
laboral, de manera que podemos satisfacer los requisitos de una imagen profesional
y el gusto personal.
Esta ventaja, que suele estar más presente y aceptada en la moda
femenina, nos facilita la posibilidad de elegir acorde con nuestra personalidad.
Cuando nos sentimos cómodos es fácil que nos comportemos con
más eficacia y seguridad.
Por lo tanto, saber elegir la ropa adecuada no es sólo una cuestión
de ver qué se ajusta a nuestro puesto de trabajo, sino también
de elegir lo que va a transmitir más información sobre cómo
somos y lo que nos vaya a ayudar a más eficaces. Toda esa información,
que transmitimos mediante nuestra imagen, puede adquirir un valor estratégico
todavía mayor cuando la tenemos en cuenta dentro de un contexto
determinado: El puesto de trabajo que queremos conseguir.
¿QUÉ CUALIDADES SON LAS QUE MÁS LLAMAN LA ATENCIÓN
EN UNA MUJER A LA HORA DE PROPONERLE UN ASCENSO?
Sin lugar a dudas, el factor más importante en la imagen laboral
de cualquier persona, sea hombre o mujer, es la profesionalidad. Nadie va
a contratar o proponer un ascenso a una persona que no sea capaz de realizar
con eficacia el trabajo que se le va a encomendar. Es una cuestión
de viabilidad: Las empresas necesitan que los puestos de trabajo que generan
sean viables, rentables y productivos, exactamente igual que los productos
que se comercializan o los proyectos que se ponen en marcha.
Ahora bien, cuando hablamos de profesionalidad nos estamos refiriendo a:
- " la formación y la preparación que exige el puesto de
trabajo, y
- " las capacidades y habilidades necesaria para realizarlo
Por ejemplo, a formación y la preparación son dos procesos
que no acaban una vez que se consigue el puesto de trabajo. Hoy en día
la capacidad de aprendizaje es uno de los valores mejor vistos en un profesional,
ya que implican una progresión de futuro y importante capacidad
de mejora.
CINCO O SEIS CUALIDADES QUE UNA PERSONA QUE QUIERE TENER UNA IMAGEN
IMPECABLE EN EL TRABAJO TIENE QUE TENER
- Profesionalidad: Es decir, saber estar y funcionar profesionalmente, con
eficacia organizativa.
- Capacidad de adaptación y aprendizaje: Para conseguir un determinado
puesto de trabajo es necesario saber ajustarse al perfil, como si fuera
una pieza de un puzzle.
- Saber observar, saber escuchar, saber actuar: Las capacidades comunicativas,
motivaciones y de liderazgo se basan en estas tres ideas base. Son las habilidades
clave para movernos con soltura en el ámbito laboral, relacionarnos
con los compañeros, los jefes y los clientes.
- Auto-conocimiento: Gestionar de manera provechosa nuestras fortalezas y
debilidades.
- Marketing Personal: Saber informar y dejar rastro para mejorar nuestra percepción.
Hoy en día no basta con ser un buen profesional, los demás deben saberlo.
Por último, no podemos olvidar la influencia que están teniendo
las nuevas tecnologías en el ámbito laboral. Los móviles,
el PC, Internet, las tarjetas digitales, .. saber utilizarlos, cómo
y cuando favorece una imagen de organización, eficacia e innovación.