APROVECHA EL POTENCIAL DE TU IMAGEN LABORAL
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Nuestra imagen laboral forma parte del conjunto de características que nos definen, identifican y diferencian como profesionales. Es decir, al igual que la formación, la experiencia laboral o las capacidades y habilidades que necesitamos para realizar nuestro trabajo, la imagen que transmitimos a los demás dentro de nuestro entorno laboral tiene un valor clave que debe cuidarse y puede desarrollarse.

Ese valor puede ser diferente según el tipo de trabajo que realicemos, las características del sector, el mercado o la política de nuestra empresa. Sin embargo, en líneas generales, podemos decir que nuestra imagen laboral es un elemento más de trabajo mediante el que podemos potenciar y aumentar nuestras posibilidades, e incluso facilitar el desarrollo de nuestra trayectoria profesional.

A pesar de ésto, la mayoría de la gente suele relegar la importancia estratégica que puede llegar a tener nuestra imagen a una serie de situaciones muy concretas. Por ejemplo, cuando nos presentamos a una entrevista de trabajo, cuando queremos optar a una promoción interna de nuestra empresa, o cuando creemos que no se nos está dando el reconocimiento profesional que merecemos.
El motivo es que en este tipo de situaciones, nuestra imagen es un elemento imprescindible que puede influir de forma positiva o negativa, o bien puede ser determinante a la hora de tomar una decisión.

Así que, cuando nos enfrentamos a una de estas situaciones es inevitable plantearnos cuál la imagen que estamos dando, cómo podemos mejorarla, cómo nos puede influir, qué aspectos debemos evitar y cuales tienen que estar presentes.

Este tipo de preguntas deberíamos hacérnoslas siempre, independientemente de la situación o los objetivos en los que estemos, para conseguir aprovechar más un recurso que puede ser muy valioso en nuestro trabajo y que puede tener un potencial muy importante de cara al futuro.

De hecho, nuestra imagen laboral es un elemento que está siempre presente, aunque nosotros no hagamos nada por gestionarlo, canalizarlo o convertirlo en un recurso que nos beneficie.

Pero, ¿qué es la imagen laboral?

Pese a lo que pueda parecer y lo que la mayoría de la gente cree, la imagen laboral no es la apariencia física y visual que las personas tienen cuando están en su entorno de trabajo.

En realidad, el concepto de imagen laboral hace referencia a la percepción que los demás tienen de nosotros en un contexto tan concreto y específico como nuestro entorno laboral.
Esa percepción se origina a partir de lo que nosotros hacemos, cómo lo ven e interpretan los demás y después suele resumirse en una serie de ideas sencillas, concretas y muy claras que sirven de referencia informativa, y que nos definen y diferencian de los demás.
Por lo tanto, en nuestra imagen laboral puede reflejarse:
  • " Cómo nos ven nuestros compañeros (a nivel personal y laboral)
  • " Cómo nos ven nuestros jefes (a nivel personal y laboral)
  • " Lo que piensan nuestros clientes de nosotros
  • " Cómo realizamos nuestro trabajo y cómo lo perciben los demás,
  • " Cómo nos relacionamos con los demás,
  • " Cómo y cuando varían las características de esa relación,
  • " Cómo funcionamos y reaccionamos ante determinadas situaciones laborales, ya sean positivas o negativas, y
  • " Cómo interpretan nuestra forma de trabajar, relacionarnos, reaccionar, tomar decisiones, expresarnos, etc

En cierto modo, la imagen laboral es como un cóctel compuesto por varios ingredientes que, una vez juntos, se entremezclan y dan lugar a un resultado único e irrepetible. Ese resultado es la imagen que cada uno de nosotros tiene como profesional. Pero, al igual que en cualquier cóctel, en la imagen laboral hay que tener en cuenta unos ingredientes y unas proporciones básicas que deben respetarse para que la mezcla funcione.

Es indudable que nuestro aspecto tiene un valor clave que no puede ignorarse ni desaprovecharse, sin embargo el concepto de Imagen Laboral es algo mucho más complejo que abarca diferentes factores.

Cómo somos, cómo vamos vestidos y si nos arreglamos lo suficiente o de la forma adecuada constituyen tan sólo una parte de toda la información que podemos transmitir mediante nuestra imagen profesional. Por ejemplo, nuestras capacidades organizativas, tener don de gentes, saber escuchar, expresarse, reflexionar o tomar decisiones cuando es necesario, pueden ser parte de la información que transmite nuestra imagen y por lo tanto favorecer nuestras posibilidades laborales.

Marketing personal

Cuando de forma intencional procuramos que nuestra imagen y lo que los demás perciben de nosotros, sea lo más favorable posible a nuestro perfil profesional, estaremos generando nuestro propio marketing personal.
En cierto modo, la imagen laboral es como la fama que nos labramos en el trabajo. Cuando cuidamos esa "fama" es fácil que nos potencie profesionalmente al difundir nuestros aspectos más positivos como trabajador.
Cuando ignoramos la importancia que nuestra imagen puede tener en el trabajo es muy posible que nos encontremos con situaciones frustrantes y a veces injustas. Un ejemplo habitual de este tipo de situaciones es cuando trabajamos con una gran entrega y dedicación, pero a la hora de la verdad no se tiene en cuenta por que no forma parte de nuestra imagen o por que en esa imagen se han ido generando otros aspectos que no nos benefician o ensombrecen esos logros.

¿HASTA QUÉ PUNTO LA INDUMENTARIA PUEDE SURTIR EFECTO EN EL TRABAJO?

Clásico, informal, moderno, discreto, elegante, práctico, cómodo, ... En realidad, podríamos decir que la tolerancia en el vestir dentro del ámbito laboral es resultado de la conquista que la mujer ha conseguido en su incorporación y reconocimiento en el mundo empresarial y profesional.
Esa tolerancia, a su vez, ha ido favoreciendo cada vez con más fuerza e ímpetu la variedad que hoy podemos encontrar. Y, con ella - la tolerancia y la variedad, - se abre un importante abanico de posibilidades dentro del cual cada profesional y cada trabajadora puede encontrar su propia expresión.

La primera pregunta que se hace uno mirándose al espejo, cuando piensa en su imagen laboral, es qué impresión causará a los demás cuando le vean. Evidentemente la impresión visual que podamos causar en un momento dado no es lo mismo que nuestra imagen laboral. Sin embargo en ambos casos podemos realizar una planificación y una elaboración estratégica para obtener unos determinados resultados.

Nuestra imagen visual como estrategia

Mientras que la impresión se basa en la sorpresa y la intensidad del impacto que generemos, la imagen se va forjando a lo largo de diferentes momentos y situaciones. En consecuencia, la impresión que causemos llamará mucho la atención pero será algo volátil. Por el contrario, nuestra imagen puede que sea mucho menos llamativa, sin embargo será algo mucho más sólido y duradero.
Cuando aplicamos estos dos conceptos a la vestimenta que utilizamos en nuestro trabajo, tendremos que tener en cuenta que:
" La ropa que llevamos puesta, cómo se combina, las marcas o los diseñadores que la avalan, los colores, los complementos y todos los detalles, por pequeños que sean, nos pueden ayudar a transmitir la información clave que nos interesa.
" Ahora bien, esa información puede convertirse en algo anecdótico cuando simplemente es la impresión que hemos generado en un momento concreto.
" O, por el contrario, esa información se convierte en una imagen, cuando mantiene sus características a lo largo del tiempo y las diferentes situaciones. Es decir, podemos conseguir que nuestra ropa, al mantener una coherencia a lo largo del tiempo, nos sirva para transmitir una imagen de estabilidad, seriedad y solidez.
Mediante esta transformación basada en la coherencia, la estabilidad y la solidez podemos conseguir que la imagen visual que hemos creado con nuestra vestimenta se convierta en una referencia fiable de nuestro estilo. De hecho para que nuestra vestimenta se convierta en parte de nuestra imagen laboral es importante que exista una continuidad y una coherencia en nuestra forma de vestir.

El valor estratégico

Todos estos conceptos que hemos utilizado para seleccionar nuestra ropa y generar un estilo, tienen un valor añadido ya que, por lo general, suelen hacerse extensibles a nosotros mismos, impregnando la imagen que como profesionales pueden tener de nosotros los demás.
Además, el hecho de hablar de estabilidad, solidez o coherencia no está reñido con la posibilidad de utilizar la ropa que nos gusta. El mundo de la moda, hoy en día, aporta una variedad increíble que no excluye las exigencias que suelen plantearse en el ámbito laboral, de manera que podemos satisfacer los requisitos de una imagen profesional y el gusto personal.
Esta ventaja, que suele estar más presente y aceptada en la moda femenina, nos facilita la posibilidad de elegir acorde con nuestra personalidad. Cuando nos sentimos cómodos es fácil que nos comportemos con más eficacia y seguridad.

Por lo tanto, saber elegir la ropa adecuada no es sólo una cuestión de ver qué se ajusta a nuestro puesto de trabajo, sino también de elegir lo que va a transmitir más información sobre cómo somos y lo que nos vaya a ayudar a más eficaces. Toda esa información, que transmitimos mediante nuestra imagen, puede adquirir un valor estratégico todavía mayor cuando la tenemos en cuenta dentro de un contexto determinado: El puesto de trabajo que queremos conseguir.

¿QUÉ CUALIDADES SON LAS QUE MÁS LLAMAN LA ATENCIÓN EN UNA MUJER A LA HORA DE PROPONERLE UN ASCENSO?

Sin lugar a dudas, el factor más importante en la imagen laboral de cualquier persona, sea hombre o mujer, es la profesionalidad. Nadie va a contratar o proponer un ascenso a una persona que no sea capaz de realizar con eficacia el trabajo que se le va a encomendar. Es una cuestión de viabilidad: Las empresas necesitan que los puestos de trabajo que generan sean viables, rentables y productivos, exactamente igual que los productos que se comercializan o los proyectos que se ponen en marcha.

Ahora bien, cuando hablamos de profesionalidad nos estamos refiriendo a:
  • " la formación y la preparación que exige el puesto de trabajo, y
  • " las capacidades y habilidades necesaria para realizarlo
Por ejemplo, a formación y la preparación son dos procesos que no acaban una vez que se consigue el puesto de trabajo. Hoy en día la capacidad de aprendizaje es uno de los valores mejor vistos en un profesional, ya que implican una progresión de futuro y importante capacidad de mejora.

CINCO O SEIS CUALIDADES QUE UNA PERSONA QUE QUIERE TENER UNA IMAGEN IMPECABLE EN EL TRABAJO TIENE QUE TENER

  • Profesionalidad: Es decir, saber estar y funcionar profesionalmente, con eficacia organizativa.
  • Capacidad de adaptación y aprendizaje: Para conseguir un determinado puesto de trabajo es necesario saber ajustarse al perfil, como si fuera una pieza de un puzzle.
  • Saber observar, saber escuchar, saber actuar: Las capacidades comunicativas, motivaciones y de liderazgo se basan en estas tres ideas base. Son las habilidades clave para movernos con soltura en el ámbito laboral, relacionarnos con los compañeros, los jefes y los clientes.
  • Auto-conocimiento: Gestionar de manera provechosa nuestras fortalezas y debilidades.
  • Marketing Personal: Saber informar y dejar rastro para mejorar nuestra percepción. Hoy en día no basta con ser un buen profesional, los demás deben saberlo.
Por último, no podemos olvidar la influencia que están teniendo las nuevas tecnologías en el ámbito laboral. Los móviles, el PC, Internet, las tarjetas digitales, .. saber utilizarlos, cómo y cuando favorece una imagen de organización, eficacia e innovación.