"La moda de la IE"
Desde el boom comercial del libro de Goleman "Inteligencia
Emocional" (IE) poco a poco han ido apareciendo
cada vez más artículos, reportajes,
libros, manuales y cursos sobre el mismo tema.
Como si fuera un imán mágico las siglas
I.E. han ido generando diferentes materiales y productos,
que en realidad no son otra cosa que su adaptación
a diversos entornos vivenciales, incluido el mercado,
la producción y su comercio.
Casi siempre estos productos
incorporaban o se mantenían en armonía con los
estudios e investigaciones científicas en los que se
sostiene la IE.
Sin embargo, como suele pasar con los productos de éxito,
también se fueron generando otras versiones que ofrecían
una amable ensalada de producción propia dirigida al
consumo rápido.

La mayoría de estos productos picaban
un poco de todo ajustándolo a sus propósitos: Proporcionar
un concepto manejable, asequible y muy comercial. En el peor de
los casos, llegaba a diseñarse completamente al margen del
conocimiento científico, dando lugar a algo que llamaban
IE aunque el resultado final no tuviera mucho que ver con el concepto
original que lo motivó.
En realidad este tipo de productos, ya fueran libros, cursillos,
manuales prácticos o tests y cuestionarios de bolsillo, lo
que intentaban era aprovechar la estela que en esos momentos marcaba
el impacto y el éxito de la IE. Por ese motivo, progresivamente
y cada vez con más ahinco, algunas líneas de producción
se fueron ajustando más a criterios comerciales que a los
científicos
La Ciencia, en sí misma, no suele ser muy Comercial
La consecuencia de la comercialización de este tipo de productos
de consumo rápido fue que, con frecuencia, se favoreció
una visión mucho más limitada del concepto Inteligencia
Emocional y de la compleja información que se desarrollaba
detrás de él. Sin embargo, por muy criticable y simplista
que pudiera parecerle a los científicos y los profesionales
del comportamiento humano, la mayoría de estas líneas
de producción denotaban una situación evidente: La
base científica de la IE podía ser un problema para
su difusión.
No cabe duda de que su base científica proporciona a la Inteligencia
Emocional su solidez, validez y fiabilidad. Precisamente es la rigurosidad
científica de sus estudios e investigaciones lo que hace
que la IE triunfe en sus aplicaciones concretas, dentro del mundo
real y cotidiano. Sin embargo esa misma base científica,
al convertirse en parte del producto, se transforma en una densa
y compleja documentación técnica que, para su lectura
y comprensión, resulta más un lastre que un estímulo.
Dicho de otra manera, la base científica de la IE no resultaba
tan consumible (en el sentido más literal de la palabra)
como sus conclusiones y aplicaciones, de ahí que muchos de
estos productos, que se reducían a versiones más comerciales
y digeribles, tuvieran tanto calado.
Este choque entre Ciencia, Difusión y Comercialización
ya se había presentado en otras ocasiones, apesar de que
la información que podían transmitir era de valor
para todas las personas, y no sólo para los científicos
y profesionales de la materia. Pero sólo cuando aparecía
alguien con una visión capaz de fusionarlas, convirtiéndolo
en algo atractivo, la Ciencia se abría con todos los inaccesibles
secretos de sus tecnicismos a todo el mundo que tuviera interés
en saber. Carl Sagan y su serie "Cosmos" o los paquetes
de documentales de la BBC como "El Cuerpo Humano" son
un ejemplo de esta fusión.
Evidentemente esta fusión no es tan habitual como sería
deseable y evidentemente siempre existirán productos de baja
calidad, basados en tópicos, que desvirtúen los auténticos
contenidos, o que reduzcan a recetarios de bolsillo una información
de valor para todos.
El valor de primer vistazo
Sin embargo, estas
situaciones no le quitan valor a la aportación que supone el
resto de los productos comerciales diseñados apartir de lo
que la Ciencia nos proporciona.
Todo lo contrario:
Estos productos favorecen un primer acercamiento
Es probable que muchos de estos productos,
al adaptarse a un formato más atrayente y estar sujetos a
criterios de difusión y comercialización, no reflejen
toda la extensa complejidad de los estudios científicos que
avalan sus contenidos. Sin embargo, y precisamente por ello, estos
prodcutos cumplen esa función tan necesaria de acercamiento
y ruptura de las distancias que consigue que el conocimiento no
sea algo reservado a unos pocos.
Está claro que no todos podemos ser especialistas coronarios,
ni físicos, astrónomos o matemáticos, ni necesitamos
serlo para vivir, amar o salir cada día a trabajar. De hecho
no necesitamos comprender el funcionamiento del microondas para
asar los muslos de pollo de la cena. Pero también es cierto
que el conocimiento cambia nuestra vida, la hace mejor y amplía
sus posibilidades. Puede que a nivel personal saber que existe la
Ley de la Gravedad no nos haga caer sintiendo menos dolor cuando
tropezamos, pero sí permitirá que una sociedad avance
tecnológicamente y, a su vez esta tecnología, aplicada
en nuestras casa y nuestras ciudades, mejorará el nivel de
nuestra calidad de vida. Cuanta más tecnología hay
en nuestras vidas más necesario se hace el conocimiento práctico
de su funcionamiento: Cómo poner la televisión, la
radio, la lavadora, la impresora o nuestro pc.
Así que, en cierto modo, esos libros comerciales están
dirigidos a éso: A hacer práctico el conocimiento
técnico de la IE en nuestras vidas. Y es precisamente esa
asequibilidad pragmática de los contenidos científicos
a la vida real, el primer acercamiento con el que se encuentra el
neofito. Una vez superada esa primera distancia depende de cada
persona, como individuo o como profesional, profundizar mediante
la búsqueda de una información más compleja,
más densa o más científica.
Es indiscutible: La IE está de moda
Por supuesto no es lo mismo saber cambiar el canal del televisor
que aplicar nuestra Inteligencia Emocional al arte de vender en
una tienda de lencería, o para resolver una discursión
familiar que se repite inevitablemente cada vez que se habla de
un determinado tema. No es lo mismo apesar de que la Psicología
es una Ciencia y su aplicación un trabajo técnico
especializado.
El motivo es que hay algo de vulgar, de cotidiano, de conocido en
el objeto de estudio de la Psicología que provoca y hace
que sea fácil sentirse un poco irreverentes ante ella. Aunque
ésa no sea la intención, al final parece que no hay
ciencia que valga para hablar del comportamiento humano, por que
todo el mundo puede hablar de las personas. Pero si algo tan próximo
como ser lo que somos hace que nos olvidemos de que existe un enfoque
científico sobre nosotros mismos, ¿qué pasa
entonces con las emociones? Con las emociones ni se nos ocurre que
exista esa posibilidad, y en consecuencia con nuestra Inteligencia
Emocional menos aún.
De esta manera, y al margen de productos y manuales de bolsillo
que pudieran trivializarla, la IE se percibe más como un
producto de consumo que como una aproximación científica.
Algo que en principio no es ni bueno ni malo, a menos que se frivolice
igual que cualquier otro producto de moda.
No es una exageración pensar que sin nuestras capacidades emocionales
todos seríamos una especie de "psicópatas funcionales".
No nos importarían los principios, la ética, la moral, el
respeto o la tolerancia por que no nos importaría en absoluto lo
que los demás sintieran o necesitaran, no nos importaría
si les dañabamos con nuestras acciones o si les hacíamos
sentir mejor. Y no nos importaría por que no sentiríamos
nada por los demás.