INDEFENSIÓN LABORAL
Cuando una persona no tiene la capacidad o los recursos necesarios para defenderse ante una situación que le amenaza, le perjudica o le hace daño, decimos que esa persona está indefensa.

Sin embargo la indefensión tiene muchas más connotaciones, e incluso está relacionada con un proceso psicológico que afecta a nuestros sentimientos, nuestra forma de actuar y a nuestra salud. Cuando este proceso aparece en un entorno tan determinante para nuestra vida como el trabajo, las consecuencias pueden ser arrolladoras.

Las situaciones y los estados de "Indefensión Laboral" son mucho más habituales en nuestros días de lo que cabría esperar. Los motivos están relacionados con las características de esos entornos laborales, el sistema jerárquico autoritario, los estilos de gestión y dirección ejercidos, y las competencias, las capacidades y los recursos perosinales de cada uno para hacer frente, resolver o evitar determinadas situaciones.
Así que la Indefensión Laboral es un fenómeno psicológico bastante complejo en el que entran en juego factores muy diferentes. Además es fácil que se confunda con estados psicológicos depresivos provocados por problemas personales, rasgos de personalidad, crísis de estrés, etc. Esta confusión no sólo acrecienta el problema, sino que lo relega a un segundo plano quitándole importancia, y carga toda la responsabilidad a las espaldas de la persona que lo sufre como si fuera una consecuencia de su incapacidad o su incompetencia.

Por suerte, aunque la mayor fuerza para superar un problema siempre suele estar en el individuo, en el caso de la Indefensión Laboral su capacidad y recursos son determinantes. Por éso es tan importante que una persona que ha vivido o sufre un proceso de Indefensión laboral conozca y comprenda qué es lo que le está pasando.

Estar indefenso y sentirse indefenso

Por lo general, al hablar de indefensión (en general) solemos pensar en situaciones en las que hay una amenaza de agresión o un peligro físico, serio y real. Por ejemplo, todos aceptamos y comprendemos fácilmente que una persona "estaba indefensa" si nos cuenta que un perro grande, como un pastor alemán o un rotwalier, le acorraló ladrando y enseñándole los dientes, o si nos cuenta que le atracaron, cuchillo en mano, en un callejón lejano y oscuro por donde no pasaba nadie.

Es decir, en una situación de indefensión se dan los siguientes factores:
  1. Existe una amenaza o problema que pone en peligro a la persona
  2. Existe una desigualdad en las condiciones por que la persona indefensa no puede defenderse
Existen muchos tipos de situaciones en las que, sin haber posibilidad de agresión física alguna, las personas llegan a sentirse realmente indefensas. Es decir, por lo general, todo el mundo acepta la existencia de un estado psicológico

En una situación prolongada de indefensión, existe una tendencia general en el comportamiento humano que pasa por diferentes etapas hasta llegar finalmente a un estado de rendición y completo abandono. Aunque se suele decir que "la esperanza es lo último que se pierde", los estados de rendición y abandono conllevan un derrumbamiento personal que se hace inevitable cuando se es plenamente consciente de que no hay ninguna manera de controlar la situación y que no existe salida alguna para evitarla.
El tiempo que tarda en llegar ese derrumbamiento varía de unas personas a otras, y depende de sus características, su personalidad, experiencias anteriores e incluso de la situación que provoca el estado de indefensión.

En nuestra vida cotidiana amenudo nos encontramos en situaciones en las que aparecen pequeños estados de frustración, pero también podemos vivir en algunas ocasiones experiencias de auténtica indefensión. Casi siempre son situaciones fugaces o de una importancia relativa o bastante llevadera, o bien se presentan acompañadas de alternativas, posibilidades y recursos que nos permiten evitarlas o resolverlas.

Sin embargo, ¿qué pasaría si en esas situaciones fueran gravemente amenazantes y la persona que las vive no tuviera alternativas, recursos ni posibilidades de ningún tipo para evitarlas? En Psicología varios investigadores identificaron y estudiaron un proceso psicológico que recibe el nombre de "Indefensión Aprendida" que aparece en situaciones muy concretas y conlleva una serie de pensamientos y sentimientos relacionados directamente con los estados depresivos.

Puede empezar a causa de una situación concreta, o de varios hechos que se han ido acumulando a lo largo del tiempo. Pero también puede darse la posibilidad de que sea la percepción subjetiva de una situación lo que esté en el origen.

que generan un sentimiento de rabia contenida, a veces completamente justificada. A continuación le sigue una frustración amarga o un desmoramiento casi incontenible. Otras veces no hay rabia, ni tampoco el impulso, el deseo o la necesidad de luchar; sino que directamente se pasa a dudar de uno mismo y de su capacidad para hacer cosas, cosas que quizá antes no resultaban un problema o que para otros es lo más sencillo del mundo. En cualquiera de las situaciones, lo que aparece luego es la depresión y con ella la abrumadora angustia que la acompaña.

que la Indefensión es un proceso bastante más complejo que no puede reducirse al tipo de reacción o estado psicológico que aparece en contextos de presión, tensión y desbordamiento emocional e intelectual.

La Teoría de la Indefensión Aprendida

Seligman estableció en 1974 la Teoría de la Indefensión Aprendida. Esta teoría surge apartir de los resultados obtenidos en sus estudios de laboratorio, pero posteriormente otros psicólogos fueron desarrollando, ampliando y generalizando sus premisas y conclusiones hacia factores, aspectos y situaciones de la vida cotidiana. El resultado de todos estos estudios e investigaciones fue el siguiente:

La Indefensión Aprendida es el estado psicológico al que llega una persona cuando percibe que sus acciones no tienen control alguno sobre las consecuencias, reacciones y situaciones que conllevan o estan relacionadas con ellas. Este estado psicológico puede darse en una situación real o percibida, y conlleva un estado de inquietud, depresivo, incapacidad, vulnerabilidad o indefensión. En el peor de los casos hay un deterioro de la autoestima y la valía que puede llegar a atribuirse a sí mismo.