SÍNDROME BURN OUT: PROFESIONES QUE QUEMAN II
Síntomas personales, Síntomas sociales
Se puede decir que el "Burn Out" es un fenómeno ligado
a las condiciones laborales, pero en cierto sentido también lo está
con respecto a las condiciones sociales. Los individuos intentan desde su
labor profesional compensar el desajuste entre la demanda social de atención
y servicios y la inadecuación de las instituciones para cubrirla.
El resultado del balance personal de esos profesionales es brutal ya que
puede generar a su vez un nuevo tipo de demanda que exige una nueva línea
de ayuda y atención.
Esta imagen del síndrome nos deja en la antesala del proceso vivencial
y tortuoso que es en realidad el Burn Out para el que lo sufre, pero es
una de las primeras conclusiones que parece indicarnos su presencia. La
calidad de vida no es sólo un deseo personal y egoísta, sino
una necesidad social constantemente insatisfecha ante la que muchas personas
no están dispuestas a quedarse mirando.
La segunda e irremediable conclusión que se podría obtener
es la imperiosa urgencia de generar lazos, eficaces y operativos, de apoyo
y unión entre esas personas comprometidas profesional y personalmente
con el bienestar social, de manera que su acción conjunta no suponga
el terrible desbordamiento personal de su trabajo individual.
Por último, la más obvia de las conclusiones, aunque no por
ello la menos importante, hace referencia a la crítica situación
de nuestra sociedad en la que la revalorización y reestructuración
de los servicios sociales parecen no llegar nunca.
Nuevos colectivos, nuevas posibilidades a considerar
Aunque la investigación y el reconocimiento del Burn Out ha avanzado
de forma vertiginosa desde 1974, todavía existen diferentes debates
y discrepancias sobre algunos aspectos, como por ejemplo su presencia en
otras profesiones que no sean las de ayuda. No cabe duda de que al iniciarse
el origen oficial de su detección en este tipo de profesionales la
mayoría de los estudios realizados se han centrado en ellos, pero
en realidad son sus características básicas lo que relaciona
el Burn Out con este tipo de profesionales. Es decir: El contacto humano
que en la realización del trabajo establece una continuada demanda
con fuertes implicaciones emocionales que provocan su desgaste emocional.
Ésto lo que ocurre con el secretariado de alta dirección o
la atención y gestión institucional por teleoperadores.
Aunque se han encontrado casos de Burn Out en secretarias de alta dirección,
el cambio radical del contexto profesional y el tipo de relación
en el que se presta el servicio ha supuesto un importante problema a la
hora de identificarlo como tal. Lo cierto es que el nivel, la intensidad
y la responsabilidad de las funciones del secretariado de alta dirección
junto a una progresiva delegación por parte del directivo o superior,
mantienen un cierto paralelismo con el contexto estresante de los profesionales
de ayuda. Sin embargo no nos encontramos ante la misma relación de
dependencia ni la misma implicación emocional.
En el caso de las teleoperadoras el servicio
que se presta suele ser informativo o de gestión de trámites
oficiales, de manera que aunque existe una necesidad por parte del demandante,
su valor no es tan básico como en los servicios sanitarios, sociales
o educativos. Por el contrario el número de demandas que suelen atender
al día, proporcionando la información o tramitación
correcta en cada momento se acerca más al concepto tradicional de
una demanda que supera con creces las posibilidades y recursos del individuo
que la atiende. Pero el contacto directo y personal con los demandantes
queda reducido a la comunicación verbal, con el distanciamiento que
ésto conlleva frente a la atención directa, física
y completamente personalizada. Pero ¿hasta qué punto podemos
negar que no existe una demanda emocional en la constante modulación
de la voz que suele exigirse en la prestación de este tipo de servicios?
Sobre todo si tenemos en cuenta que no se trata de un tono profesional como
en el caso de las ventas, sino de la amabilidad adecuada para transmitir
cierta seguridad y el control y contacto necesario cuando el demandante
se exaspera o carece de los recursos necesarios para realizar la tramitación.
Por lo tanto, una vez que estamos ante el mismo conjunto o cuadro de síntomas,
la duda radica principalmente en si nos encontramos ante casos más
acuciantes de estrés laboral o ante el Síndrome Burn Out.
Si fuera así, significaría que este síndrome es susceptible
de aparecer en contextos diferentes a los clasificados y consensuados hasta
el momento y ligados exclusivamente a las profesiones de ayuda. En cuyo
caso, podríamos basarnos en sus características básicas
para realizar paralelismos que nos ayudarán a identificar otras profesiones
de riesgo, en vez de limitarnos a los marcos contextuales exactos y obligatorios
de las profesiones de ayuda.

Siguiendo ese mismo planteamiento, sería
interesante plantearse si además de determinadas profesiones, podría
existir un mayor riesgo de Burn Out en formas o modalidades de trabajo,
como el teletrabajo o el etrabajo.
Parece bastante lógico pensar que el ya obsoleto concepto del teletrabajo,
entendido como "yo frente al mundo a través de mi ordenador",
implique un caldo de cultivo básico para el estrés laboral.
La soledad, con todo lo que conlleva de vulnerabilidad profesional, personal
y emocional, la falta de recursos técnicos en un medio imparable
como la tecnología informática que deja a nuestras herramientas
siempre dos pasos por detrás, y la resistencia empresarial a dar
cabida a un sistema rentable pero no fácilmente controlable, tendrían
mucho que ver en ello. Pero los verdaderos factores estresantes estarían
en la imposibilidad de dar respuesta a la demanda profesional por falta
de recursos técnicos, profesionales y personales; O bien a las necesidades
personales a través de la labor profesional, justo por lo contrario,
es decir por la dificultad de encontrar demanda en el mercado para esta
modalidad profesional.
En el etrabajo, sin embargo, el apoyo en redes comerciales y otros medios
de interrelación profesional podrían amortiguar estos factores
estresantes de primer orden. Pero no podemos olvidar que en ambas modalidades,
teletrabajo y etrabajo, existe una actitud de entrega y disponibilidad total,
incluida la de la vida personal y familiar, puede fácilmente llegue
a desbordar al profesional más allá de sus recursos como trabajador
y como individuo. Además puede que esa ausencia de separación
entre la vida propia y la vida laboral generen fuertes implicaciones emocionales
que en contextos más asépticos, como las oficinas o centros
de trabajo, requieren de otros factores como el contacto directo con los
demandantes.
Pero en realidad, donde quizá podríamos ver mejor el desgaste
emocional no es en el contacto constante y humano, sino precisamente en
su ausencia. Es decir, en el teletrabajo y el etrabajo hay una fuerte
reducción del contacto humano profesional, ya que en muchos casos
se limita a los medios de comunicación y telemáticos. Sin
embargo esta situación lo que genera es una mayor atención
y dependencia hacia ellos. Por ese motivo cuando se presentan las ausencias
de comunicación por parte de los compañeros o clientes con
los que se mantiene una relación laboral online, aparecen reacciones
intensas de angustia, ansiedad y comportamientos depresivos.
Hace años un movimiento social surgió
entre las mujeres en Estados Unidos, después de la resaca del boom
de las super-mujeres ejecutivas.
La primera revolución de mujeres y para las mujeres, reconocida
históricamente, nos llegó con las sufragistas que desde
Europa hasta los Estados Unidos lucharon por el derecho al voto no-sexuado.
Si estas situaciones implican un fuerte desgaste emocional al alternarse
o continuarse en el tiempo, junto al desbordamiento de la disponibilidad
de recursos y otros factores estresantes, quizá habría que
preguntarse hasta que punto muchos casos considerados depresivos o de
estrés laboral en el teletrabajo y el etrabajo, no son en realidad
Síndromes no detectados de Burn Out.
Ahora que las nuevas tendencias del espacio global intentan renovarse
a la misma velocidad que las tecnologías que lo sustentan, acabando
así con las barreras y etiquetas estancadoras, sería interesante
tener información reveladoras sobre el número de casos de
teletrabajadores que fueron superados por el estrés crónico
laboral, para comparalas en el futuro con las nuevas modalidades, más
humanizadas, hacia las que intentamos avanzar. En cualquier caso, y a
la vista de la crudeza que supone el Burn Out, utilizando como parámetros
comparativos una visión amplia de los factores y no sólo
los contextos en los que se presenta el Síndrome Burn Out, siempre
será recomendable considerar peligros y desaciertos ante los que
los nuevos etrabajadores deberíamos vacunarnos.